¡Volví a sentirme como una niña por un día!
Tengo tantos deseos de compartir esta historia con ustedes porque a medida que pasa el tiempo nos olvidamos que un día fuimos niños también que tuvieron que aprender a ser grandes, algunos antes de tiempo otros con ansias de que ocurriera lo antes posible y henos aquí, atesorando cada momento que podemos volver a sentir la libertad que sentíamos de niños.
Mi historia comienza con una invitación, estábamos reunidos un grupo de amigos y surgió la idea de hacer un reencuentro con otros compañeros de la Universidad que teníamos tiempo sin ver. Como suele pasar, es algo que se conversa pero nunca se pone en marcha el tiempo siempre suele tomar la ventaja en estos casos. Un día para mi sorpresa, me llega una invitación por correo de una fiesta temática con objeto de reunir a todos con quienes hemos podido compartir en la Universidad desde que comenzamos a estudiar ahí. Me resultaba graciosa la idea de reunirnos con la condición de que los que asistiéramos debíamos hacerlo con los difraces más originales que se nos pudieran ocurrir. Estaba segura que no todos iban a aceptar esa condición e irían vestidos como normalmente lo hacen, por mi parte disfrutaba tan sólo de la idea de pensar de qué me iba a disfrazar ese día.
Finalmente llegó, ese día no podía borrar la sonrisa de mi rostro me sentía como cuando de niña mis papas organizaban una nueva salida a un lugar que no conocíamos o los largos viajes en carretera para conocer otras partes del país. Sentía la misma emoción y entusiasmo por volver a ver a personas que formaron parte de una etapa muy especial en mi vida. Cuando llegué al lugar no podía creer lo que veían mis ojos, habían carpas temáticas, zanqueros, casi cualquiera podía creer que estábamos yendo al circo o a algunos de estos festivales de música electrónica. Era alucinante los colores, la alegría, el ambiente que se respiraba y ¡todos disfrazados!
Por una noche no hubo tiempo, preocupaciones, molestias, situaciones estresantes, era otra vez esa niña en el parque de diversiones que no hubiese querido irse jamás. A pesar que todo volvió a la normalidad a los días siguientes (después de bajar la euforia de la fiesta) hubo algo en mi que cambió, decidí tomar otra postura ante la vida, disfrutar cada momento al máximo para mantener a esa niña viva.
Mi historia comienza con una invitación, estábamos reunidos un grupo de amigos y surgió la idea de hacer un reencuentro con otros compañeros de la Universidad que teníamos tiempo sin ver. Como suele pasar, es algo que se conversa pero nunca se pone en marcha el tiempo siempre suele tomar la ventaja en estos casos. Un día para mi sorpresa, me llega una invitación por correo de una fiesta temática con objeto de reunir a todos con quienes hemos podido compartir en la Universidad desde que comenzamos a estudiar ahí. Me resultaba graciosa la idea de reunirnos con la condición de que los que asistiéramos debíamos hacerlo con los difraces más originales que se nos pudieran ocurrir. Estaba segura que no todos iban a aceptar esa condición e irían vestidos como normalmente lo hacen, por mi parte disfrutaba tan sólo de la idea de pensar de qué me iba a disfrazar ese día.
Finalmente llegó, ese día no podía borrar la sonrisa de mi rostro me sentía como cuando de niña mis papas organizaban una nueva salida a un lugar que no conocíamos o los largos viajes en carretera para conocer otras partes del país. Sentía la misma emoción y entusiasmo por volver a ver a personas que formaron parte de una etapa muy especial en mi vida. Cuando llegué al lugar no podía creer lo que veían mis ojos, habían carpas temáticas, zanqueros, casi cualquiera podía creer que estábamos yendo al circo o a algunos de estos festivales de música electrónica. Era alucinante los colores, la alegría, el ambiente que se respiraba y ¡todos disfrazados!
Por una noche no hubo tiempo, preocupaciones, molestias, situaciones estresantes, era otra vez esa niña en el parque de diversiones que no hubiese querido irse jamás. A pesar que todo volvió a la normalidad a los días siguientes (después de bajar la euforia de la fiesta) hubo algo en mi que cambió, decidí tomar otra postura ante la vida, disfrutar cada momento al máximo para mantener a esa niña viva.
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